MUNDO GAY: Nueva entrega de DOROTHY Gay

Las Brujas y la pasión enfermiza

Al principio piensas que te ha tocado la lotería. Has salido una vez, te han entrado 7 y has elegido a la que más te gusta.
¡Lo que puedes disfrutar con el tonteo una noche! ¡Cómo se te sube el ego cuando ves que gustas!
Ahí estábamos, la Leona y yo, sintiéndonos las reinas de la noche, bailando como locas bajo las acechadoras miradas de las Brujas. No tengo que decir que hay Brujas Malas y Brujas Buenas ¿verdad?…
A mí me besó una que me hizo sentir cosas inexplicables, que jamás había sentido antes. Una sensación, para mí desconocida, invadió todo mi cuerpo y me dejé llevar, cegada por la pasión, a vivir días de absoluta locura para mis sentidos.
No fue el primer día, pero la Leona y yo, llegamos a la misma conclusión: “El sexo era absolutamente incomparable con cualquier relación que habíamos tenido antes. Era algo sutil y único. Algo indescriptible”. ¡Esa Bruja me hizo perder la cordura! ¡Todo iba tan rápido! Solo quería salir, verla, abrazarla, besarla, que me tocará y tocarla. Me volvía completamente loca y casi loca me volvió, cuando empezó con los “te quiero y ahora no”, con los “somos novias pero ahora somos amigas sin más”. En cuestión de semanas, me enamoré, me cabree, me volví a enganchar, enloquecí, lloré y me desilusioné. Y es que esta Bruja era mala, pero mala de narices… para la que yo sólo era un trofeo más sobre una estantería. Yo no sabía que había Brujas que se apuntaban “tantos” como si de un partido de baloncesto se tratara: Uno por cada conquista y dos por cada corazón roto.
Os preguntaréis ¿qué pasó con la Leona? Pues lo mismo, se enamoró, se cabreó, se enganchó, lloró y se desilusionó. La Leona casi enloqueció y perdió aún más su valor. Y yo me había alejado lo suficiente del camino de baldosas amarillas, tanto que no sabía bien si ir hacia delante o hacia atrás. Las dos estábamos desbordadas por esa pasión enfermiza… Ambas nos encontramos de bruces con la mentira, viendo a esas Brujas enredadas en los brazos de otras Brujas que muy pronto se habían colgado el cartelito de Amigas, y escuchaban atentas tus confidencias e intimidades… Lo que hace el morbo y las ganas de poseer lo que otro ha conseguido antes que tu.
Brujas Malas hay muchas, y la rabia, a veces, hace que te desquites y busques lo que perdiste… ¡y vaya si lo encontré! Me di en las narices con unas cuantas más, todas ellas cortaditas por el mismo patrón. Y cuando más dolida estaba, más rabia tenía y menos ganas de dejarme engatusar y ser el triste trofeo de otra más… llegó ella.
Ella era guapa y muy femenina.
No os he contado que cuando entras en “el ambiente” aprendes a clasificar, realmente, entre masculino y femenino. Yo antes no me daba cuenta, en mi mundo había mujeres y hombres, aquí ya había: mujeres femeninas, mujeres masculinas, mujeres andróginas, transexuales, gays masculinos, gays femeninos… ¡en fin! Un montón de personas diferentes a los que yo siempre había metido dentro de un mismo grupo, ya os hablaré de esto más adelante.
Yo no me di cuenta de que me miraba, de que quería acercarse a mí, no me atreví a mirar esos ojos verdes por si me atrapaban y me encontraba con la misma dolorosa realidad. Pero lo hice, en cuestión de dos horas, estaba hablando con ella, tan cerca que me besó. Si algo tengo que decir en mi defensa es que me besó ella y yo no lo pude evitar. ¡Y qué besos! Yo que pensaba que ya no podía volver a sentir ese escalofrío que te recorre todo el cuerpo.
A esas alturas de la noche, las copas ya habían hecho estragos en mi persona, y dejarme llevar fue demasiado fácil, tanto que no controlé demasiado lo que hacía, no podía controlar mi deseo y tampoco lo que sentía. La Leona me animaba. Y ella con esa voz y ese acento que tenía… Sentir su piel sobre la mía esa noche me dejó el corazón y los sentidos absolutamente entregados a la pasión.
Pero con la mañana llegó una terrible sensación de apego, creo que ambas, la Bruja y yo, sentíamos lo mismo. No os podéis imaginar lo que me costó despedirla en la estación. Toda la ternura de aquella noche se me había agarrado al pecho, y sólo podía decirle un hasta pronto lleno de promesas y sueños compartidos, a esa Bruja Buena que me robó el corazón.

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