MUNDO GAY: nueva entrega de DOROTHY Gay

Camino a la perdición

La Bruja Buena del Sur, se había marchado, y yo me quedé ensimismada con ese cosquilleo en el estómago que hizo que soñara con ella esa noche y que empezara a proyectar mi futuro a su lado. Reconozco que soy de esas personas que se enamoran y lo dan todo hasta el punto de dejar su vida si su corazón dice que merece la pena.
Pasaban los días y no veía el momento de hablar por teléfono, mandar un mensaje… al fin y al cabo, eso era lo que nos quedaba, poder escuchar nuestra voz antes de acostarnos y dormir tranquilas pensando que al día siguiente ella estaría al otro lado. La verdad es que construimos castillos en el aire y como suele pasar en estas cosas, la distancia y la dificultad de volvernos a encontrar empezaron a pesar, y las promesas empezaron a diluirse en cada salida que cada una hacía.

Muchos diréis -Doroty Gay es tonta- pero no lo podía evitar, estaba tan emocionada con mi nueva vida, me sentía por fin tan en mi mundo, que me dejaba llevar por cualquier situación que me hiciera pasarlo bien. Y, en uno de esos días, la Bruja Mala, la primera, volvió a irrumpir en mi vida pidiendo mil perdones y prometiendo amor eterno… Y sí, caí de nuevo en sus redes, sin pensar en las consecuencias que eso iba a tener y lo mucho que perdía por el camino, dejando atrás esa inolvidable noche que jamás pude arrancar de mi memoria.

Como era de esperar la Bruja Mala era mala, muy mala, mala de cojones. Y empezó a marearme aún más, una de cal y otra de arena, una semana intensa de vacaciones por el Norte, de donde ella venía, a una semana de terror en Madrid, donde sacaba todas sus malas artes y consiguió destrozarme y humillarme hasta puntos insospechados… Pero dentro de esa ceguera, conseguí alejarme, no de verla, ya que el Ambiente madrileño es muy pequeño y al final te conoces a todo el mundo y todo el mundo sabe de ti, hasta las mentiras. Pero conseguí dejar mi pasión enfermiza atrás y centrarme en otras cosas.

Y me di cuenta de que no había marcha atrás y la había perdido para siempre.La carrerilla que cogí para alejarme fue vertiginosa, y caí en picado en un bucle del que no sabía salir. Di palos de ciego e intenté de nuevo volver atrás sin éxito, y cuando quise volver y buscar a mi Bruja Buena del Sur, ella ya me había olvidado y en mi lugar había otra mujer, a la que yo envidiaba, admiraba y odiaba a la vez… Y me di cuenta de que no había marcha atrás y la había perdido para siempre.

La Leona y yo, destrozadas y emocionadas a la vez, vivíamos vertiginosamente. Las semanas se quedaban cortas, solo pensábamos en salir, sentarnos en la plaza a observar a toda aquella marabunta de gente tan dispar y divertida, que también nos hacía pasar momentos muy agradables.

Cada día éramos más en el grupo y cada día más conocidas, éramos en el Ambiente, lo que tardé poco en escuchar: “Carne fresca”Cada día éramos más en el grupo y cada día más conocidas, éramos en el Ambiente, lo que tardé poco en escuchar: “Carne fresca”. La verdad es que me sentí como un embutido en muchas ocasiones, en medio de una orgía de cerdas. Todo el mundo quería tocarnos y todo el mundo quería comernos.

Y así, poco a poco, pasamos de ser las “nuevas” del ambiente a ser las “amas” de todo aquello, teníamos tantas fans que no dábamos a basto entre beso y beso.
¡Y joder con los besos! La costumbre de saludarte con un pico en la boca me hacía sentir una babosa metida en mierda. No entendí nunca esa costumbre pero te acostumbras por no hacer el feo, si ponías la mejilla era una ofensa y al final no podías salir de eso.

En este entretanto, la Leona conoció a la Mujer Espantapájaros por el chat y se unió a nosotras sin pestañear. Éramos tres y tres tan dispares que era difícil no percatarse de que entrabamos por la puerta de un bar.
La Mujer Espantapájaros no daba miedo a nadie, ella lo intentaba, ni daba miedo ni atraía a nadie tampoco, era como si no existiera. Ella no perdía aceite, como se suele decir cuando eres o muy masculina o muy femenino, ella perdía paja por los cuatro costados. Pero nos daba tanta pena que decidimos ayudarla, porque en el fondo sabíamos que tenía buen corazón. Pero las apariencias engañan y nos hizo pasarlas putas.

No tardamos en entender que todo el mundo tiene corazón, pero que esos corazones están hechos de diferentes materias.

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