17 minutos

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17 minutos
Por Gustavo Rubio

17 minutos fue el tiempo que por lo menos tardó el Estado neozelandés, con sus políticas restrictivas de tenencia y portación de armas, en neutralizar el ataque terrorista perpetuado en Christchurchcon. El terrorista armado pudo ir a dos lugares sin problemas hasta que fue neutralizado por la policía. En el lapso cuarenta y nueve familias fueron destruídas en la masacre llevada a cabo por Brenton Tarrant en dos mezquitas de esa ciudad. La sangre todavía estaba sin limpiar cuando la Primer Ministro Jacinda Ardern, como todo político oportunista, se apuró en anunciar mediáticamente los planes para prohibir los rifles semiautomáticos después del ataque terrorista del viernes. Lo que parecía ser la típica respuesta tribuneras que muchos medios de comunicación querían dió marcha atrás casi de inmediato debido que el Fiscal General de la Nación dijera que “tal vez no sea la decisión final del gobierno”.
Se ve que leyeron el manifiesto del autodenominado eco-fascista etno nacionalista, un texto lleno de contradicciones ideológicas en donde se culpa a la alta tasa de natalidad, la migración como peligro para la cultura existente (todo muy difícil de comprender lógicamente) y se dieron cuenta que el tipo eligió usar armas para que precisamente sucediera eso: que los políticos desarmaran aun mas a la sociedad y ésta quedara a merced de los terroristas más facilmente.
Nueva Zelanda no tenía una política de control de armas muy restrictiva hasta 1983 en donde inicia un registro de armas muy a pesar de las advertencias de los estudiosos en el tema (que en ese entonces parecían leer y pensar más que militar en politica), incluso altos miembros de las fuerzas policiales que advertían que el registro y control de  armas legales no evitaría una matanza como la que sucedió en 2019. Para 1992, con el tema de los tiroteos en Australia ( y el comunismo herido de muerte) políticos de izquierda y de tinte socialista impulsaron leyes de restricción y prohibición aún más fuertes alegando que una masacre como la de las mezquitas no iba suceder si la gente no podía portar ni tener armas.
Pero ChristChurch llegó y 50 vidas se perdieron porque no se pudieron defender, el terrorista tenía en su poder armas prohibidas por ley y el Estado tardó 17 mortales minutos en neutralizar al tirador. Si un sola de las victimas hubiese tenido un arma, el resultado hubiese sido muy diferente. Los datos del FBI y de Interpol lo demuestran.
Estos datos son los que los medios callan.
Incluso después de una masacre que dejó 50 muertos por estar desarmados y del manifiesto terrorista que aclaraba la intención de profundizar las leyes anti armas, la lucha por las armas y la seguridad, principalmente en los medios, será una faena para que los políticos y desarmistas traten de sacar ventaja .
Se sabe que el gobierno de Nueva Zelanda está inmediatamente entrando en una discusión detallada de nuevos controles legislativos sobre armas. La prohibición total de las armas semiautomáticas propuesta por la Primer Ministro Jacinda Ardern ya no puede estar en la mesa de corto plazo (por lo menos allá tiene gente más o menos coherente en puestos claves) pero ha dejado claro que los legisladores oportunistas buscarán una variedad de opciones para atacar a los objetos inanimados para cubrir la falta otros controles y politicas más adecuadas como programas de salud integral, asistencia, coordinación entre agencias gubernamentales, etcc. Se habla desde un Plan Entrega Voluntaria de Armas hasta incluso restricciones en la cantidad de municiones para rifles semiautomáticos… Los cráneos desarmistas parecen clonados y esparcidos por el mundo, una especie de epidemia de zombies (casi literal si se quiere) que pululan buscando fondos financieros gubernamentales para subsistir.
Un ejemplo de esta idiotez estatista: Alexander Gillespie, Profesor de Derecho en la Universidad de Waikato “Este es un lugar donde su automóvil tiene que estar registrado, su perro tiene que estar registrado. Pero tu arma no lo hace.” Desconociendo que la ley de neozelandesa especifica el registro de las armas y obviando que el tirador uso armas automaticas, es decir prohibidas a civiles según la ley kiwi.
La relación de Nueva Zelanda con las armas de fuego tiene a una escala de restricciones. Los propietarios de armas necesitan una licencia, para las armas más populares como los rifles de caza, no es necesario que se registren pero armas como pistolas y revolveres y las armas semiautomáticas se rastrean más de cerca, lo que requiere un permiso para cada compra y una licencia por separado, lo que hace más difícil, casi imposible, la tenencia. Hasta adquirir cargadores cargadores de mas capacidad necesita autorización. Una especie de proto 1984.
El tema es que el terrorista usó armas prohibidas, entonces ¿qué querrán revisar los políticos?
En Nueva Zelanda no hay derecho a tener un arma, menos para defensa  ya que el Estado esta para proteger a su gente desrmada por más que tarde 17 minutos en encontrar y detener la agresión del tirador terrorista. Para placer de los desarmistas encubiertos que venden la utopía australiana, los miembros de las fuerzas de seguridad fascistas que no quieren que la gente porte porque no se podrían abusar de ella y se verían obligados a aprender buenos modales, los mediocres autoritarios y los legitimos usuarios elitistas, en ese país de Oceanía, a partir del ´92 se considera un privilegio la tenencia de armas y solo el 6% de la población tiene una licencia.
Este privilegio queda claro con los 49 muertos que no pudieron de defender sus vidas.
Los Gobiernos de Nueva Zelanda también se han sentido cómodos con la idea de restringir el acceso a ciertas armas durante casi todo el tiempo que ha existido el país. Por ejemplo, en 1845, los líderes coloniales intentaron detener el flujo de mosquetes a las áreas tribales. Décadas más tarde sólo las áreas rurales gozaban con poder elegir entre una variedad limitada de calibres exclusivamente para la caza. Los permisos se hicieron cada vez más restictivos, la herencia de armas o compra venta de armas históricas casi imposible. Y después de una balacera (mentido como “tiroteo masivo” por los desarmistas) en 1990, en la que un hombre mató a 13 personas, incluidos dos niños a causa  una disputa con su vecino en la ciudad costera de Aramoana, el Parlamento de Nueva Zelanda agregó requisitos prohibitivos de licencia adicionales para armas semiautomáticas y pistolas. Ninguna ley afectó a los criminales ni delincuentes que seguieron haciendo de las suyas.
Para el académico que se mueve en un ámbito alejado de toda problemática social “En general, Nueva Zelanda no prohíbe las armas de fuego” se jacta Gillespie ante tecnicismo y agrega “Nueva Zelanda reacciona con las regulaciones” dejando descaradamente de lado un dato fundamental e indiscutible: los criminales no obedecen las leyes. ¿Un ejemplo? Tarrant usó fusiles automáticos, prohibidos comercialmente y que ningún civil puede tener en ese país…
Pero la pregunta es ¿qué tan lejos intentará el gobierno en ir para controlar aún más las armas? Porque si bien hubo un parate debido a la intervencion  del Procurador Nacional, la primera reacción fue aumentar la restricción, es decir, hacerle pagar a todos los demás ciudadanos la locura de un eco fascista que ninguna cantidad de legislación adicional hubiera impedido, o impedirá, que realice una masacre como la del viernes.
Esto queda claro según Mike Loder, del KiwiGun Blog. “Sabemos por qué lo hizo. Lo hizo en venganza por un musulmán que había matado gente con un camión. No se trataba de armas ”. El Sr. Loder se estaba refiriendo a la información ampliamente divulgada del tirador sobre su radicalización. Es más, Tarrant, en su manifiesto expresa claramente que  “Elegí las armas de fuego por afecto que tendría en el discurso social, la cobertura de los medios que adicionalmente proporcionarían y el afecto que podría tener en la política de Estados Unidos y de tal modo la situación política del mundo… Con bastante presión la izquierda dentro de los Estados Unidos intentará suprimir la segunda enmienda ” Tarrant deja en evidencia que los terroristas prefieren estado con ciudadanos desarmados, víctimas sumisas para sus armas puedan matarlos como pasó en la mezquita neozelandesa.
Por un lado, con las leyes de armas actuales de tenor colonialista y opresor heredado de la historia inglesa, Nueva Zelanda tenía hasta el viernes una de las tasas ficticias de homicidios más bajas del mundo. Ficticias porque no solo los datos publicados sobre uso de armas de fuego no separaban armas legales de ilegales u hechos defensivos o entre criminales, todo indicaba que tarde o temprano derivarían en una balacera como la que Tarrant llevó adelante. Pero el horrible derramamiento de sangre en las dos mezquitas ha sacudido claramente lo que había sido la “sensación de seguridad” que prevalecía en el país y que escondía la terrible realidad: una sociedad desarmada se encuentra a merced de delincuentes, criminales, terroristas o simplemente locos.
“Hemos vivido en una utopía, pero el mundo nos alcanzó”, dijo descaradamente Chris Cahill, cabeza de la Asociación de Policía, una especie de sindicato de oficiales de policía. “Nuestra inocencia se ha ido”. Se han ido 50 vidas de un plumazo porque la policía se estaba mirando el ombligo y, principalmente, porque las personas no pudieron defenderse. La inocencia la perdieron cuando insistieron en restringir el uso civil de armas de fuego, cuando eligieron el control social del estado sobre los individuos. La inocencia se pierde cuando el Estado vale más que el individuo y la soberbia del gobierno impera por sobre las decisiones de los ciudadanos sovbre cuestiones fundamentales como la vida, la libertad y su propiedad.
La estupidez es rápida para reaccionar cuando se impone desde hace décadas el neo colectivismo progresista. Ese mismo domingo por la mañana, Raymond Healey, de 49 años, miembro del Club de Tiro de Christchurch, llegó al campo de tiro local, con la esperanza de tener tiempo para disparar a las dianas de siempre y fue recibido con un letrero blanco, pintado con letras mayúsculas rojas que decía: “campo cerrado”. Un inocente, un tirador que no tuvo nada que ver, pagó las consecuencias de los miedosos de siempre, de los que temen “al que dirán”, de quienes confunden a quienes están dentro de la ley con los peligrosos.
En Nueva Zelanda se habla de empezar a restringir, más allá del acceso a las licencias para la tenencia de armas a la gente que no hizo nada, la capacidad de las armas, e incluso homologar una ley como la absurda ley argentina, en la que se prohíben fusiles de determiando calibres con cargadores removibles.  Se focalizan en trivialidades para decir que están haciendo algo porque al final de cuenta, el terrorista que quiera realizar otra masacre se limitará a llevar más cargadores y recargará su arma más veces con la misma tranquilidad ya que del otro siguen sin poder dispararle. Está en el video, asi que no se pùede decir es imposible.
Se ve que para los políticos la culpa no la tiene el terrorista anticapitalista sino la ley de armas de nueva Zelanda. Bajo la ley de armas de Nueva Zelanda, la licencia A más común permite la compra de un rifle semiautomático con un cargador que contiene siete balas. Se necesita una licencia E para semiautomáticas con cargadores más grandes, y solo se puede obtener a través de un proceso más detallado de entrevistas y referencias… Y sabemos todos que detectaron a Tarrant en esas entrevistas y advirtieron lo que podía hacer.. Ah, ¿no? ¿Qué le pasó al omnipotente, infalible y omnipresente Estado progresista?
Debido a la preocupación de que la venta de armas podría estar significativamente restringida, Radio Nueva Zelanda informó el fin de semana que hubo una corrida en las tiendas de armas en estos días, con gente que “compraba por pánico” armas de fuego. Algo lógico y entendible si el estado reacciona 17 minutos más tarde frente a un loco armado que anda tirando a diestra y siniestra por una ciudad indefensa.
La Primer Ministro Ardern dice estar escuchando, al menos por ahora, a todas las partes en el debate pero al parecer ya tiene tomada la decisión: “Nuestras leyes sobre armas cambiarán, ahora es el momento”, dijo Ardern el sábado. “La gente buscará el cambio, y estoy comprometida con eso”. Tipica movida desarmista en la que dice una cosa y hace otra, engañando a la gente y ocultando datos para protegerse de los libros de historia que la acusarán de haber estado en el gobierno cuando ocurrió la masacre aunque ya es tarde, pasó porque la gente estaba indefensa frente a la maldad de la locura terrorista. ¿Van a cambiar las leyes? ¿Les darán más posibilidades a la gente común que se defienda de estos locos que consiguen las armas sin respetar la ley?
Eso si, en el manifiesto el tipo más allá de explicitar que hizo esto a propósito para restringir las aún más armas legales, también habla que los videos juegos no fueron los que lo incitaron a cometer estos crímenes ni la tenencia de armas generó la violencia, fue el atentado vehicular en Europa hecho por un musulmán. A pesar de explicitar que ni las armas ni los video juegos formaron parte de su motivación, vemos que los medios, politicos y desarmistas dejan de lado el incidente europeo e insisten en focalizarse en las armas pero no en los juegos electrónicos. ¿Será porque hace una década atrás no eran tan masivos? ¿Será porque los video juegos forman parte del entretemiento de sus hijos o iuncluso de ellos mismos? ¿Será que por eso se dieron cuenta que una cosa no tiene que ver con la otra? ¿o será que el terrorismo y una sociedad indefensa y desarmada son funcionales para a mantener el poder y el status quo porque la gente debe recurrir al poder de turno para pedir protección aunque ésta tarde 17 minutos y se lleve 50 vidas inocentes que no pudieron defenderse?
Cada ley que restringe la tenencia y portación de armas a la gente común que está dentro de la ley es una bala más en el cargador del terrorista. Esos 17 minutos en Christchurch lo demuestran dramáticamente.

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